Como especialista en biología molecular, sostengo que el debate sobre los alimentos transgénicos está viciado por el desconocimiento. Es fundamental entender que la modificación genética, como la introducción del bacilo thuringiensis en cultivos, permite que las plantas desarrollen su propia defensa contra plagas, eliminando la necesidad de pesticidas tóxicos. Esto no es una amenaza, sino un verdadero ahorro ecológico que beneficia al medio ambiente.
Comprendo la desconfianza del consumidor ante la idea de ingerir productos con «genes de bacterias», pero debemos separar el mito de la realidad científica. El único riesgo real y verificable reside en la posible presencia de alérgenos, no en mutaciones fantásticas. Estoy convencido de que, en un plazo de 15 a 20 años, cuando se demuestre la inocuidad de estos alimentos, la resistencia desaparecerá y se impondrán en el mercado mundial.
Finalmente, advierto que el mapa del genoma humano fue solo el inicio. El verdadero desafío científico que enfrentamos ahora es la «Proteómica»: el estudio de las proteínas que determinan cómo interactúan nuestros genes. La ciencia avanza a pasos agigantados y el Perú no puede quedarse rezagado por temores infundados ante lo nuevo.