Como científico y director de Belga Médica, cumplo con el deber ético de dar la voz de alarma: el SIDA ya no es una amenaza externa, sino una realidad en Lima con 15 casos confirmados. Lo más alarmante es que mis investigaciones han detectado que el virus se está propagando dentro de nuestras propias instituciones de salud, infectando a ciudadanos inocentes a través de transfusiones sanguíneas carentes de control.
He corroborado casos trágicos producto de esta negligencia, incluyendo a un niño de nueve años infectado en el Hospital Rebagliati tras recibir plaquetas y a un grumete en el Hospital Naval. Esto demuestra científicamente que el SIDA no es una enfermedad exclusiva de un grupo marginado, como se estigmatiza, sino un riesgo latente para cualquiera que requiera una transfusión.
Exijo que el Estado implemente de inmediato la tecnología ELISA en todos los bancos de sangre para el despistaje obligatorio del virus HTLV-III. Gastar en salud es una inversión prioritaria frente a la compra de armas; si no establecemos barreras sanitarias ahora, la epidemia adquirirá dimensiones descomunales en el Perú mientras el mundo desarrollado logra controlarla.