Como científico y Decano del Colegio de Biólogos, lamento profundamente que el Perú viva una «moratoria de facto» desde hace una década. Aunque la ley que permite la presencia de transgénicos en el país se aprobó hace diez años, el temor político de los gobiernos de turno ha impedido su reglamentación, paralizando la investigación y condenando a nuestra agricultura al atraso.
No podemos seguir satanizando a la tecnología ni a las empresas dedicadas a la venta de semillas basándonos en miedos infundados. La realidad del campo exige soluciones técnicas inmediatas: actualmente perdemos el 40% de la cosecha nacional de papaya debido a virus, un problema que los peruanos tenemos que solucionar por la vía de los transgénicos.
La defensa de la biodiversidad no es incompatible con el progreso científico. Renunciar a la biotecnología es renunciar a la capacidad de resolver problemas reales de nuestra agricultura. Exijo que el Estado supere sus temores y publique un reglamento que nos permita utilizar la ciencia para evitar estas pérdidas millonarias y asegurar la competitividad del país.