Como científico encargado de la identificación de los restos hallados tras el naufragio en el río Nanay, confirmó que la aplicación rigurosa de la biología molecular ha permitido devolver la identidad a los oficiales de mar Miguel Ángel Vásquez Sánchez y Miguel Ángel Herrera Mendoza con una certeza superior al 99.99%. A pesar de la alarmante práctica de utilizar formol en las morgues locales —un químico que destruye irreversiblemente el ADN—, mi intervención inmediata permitió rescatar material genético intacto de la médula ósea y evitar que la evidencia se perdiera para siempre.
Este éxito forense trasciende lo técnico; tiene un impacto humanitario directo. Gracias a la confirmación científica, las familias de estos dos valientes marinos no tendrán que sufrir la espera de dos años que la ley impone para declarar la muerte presunta. Ahora podrán acceder de inmediato a los beneficios sociales que les corresponden y, fundamentalmente, cerrar su duelo dándoles cristiana sepultura.
Sin embargo, deploro la precariedad con la que se manejan estos casos en provincias, donde la falta de protocolos adecuados llevó a que parte de la evidencia fuera enterrada en un patio trasero por falta de pago. Exijo que las autoridades estandaricen los procedimientos forenses a nivel nacional; la dignidad de los deudos y la verdad científica no pueden depender de la informalidad administrativa.